#1 Promover una política nacional de cuidado para la Primera Infancia

#1 Promover una política nacional de cuidado para la Primera Infancia

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Dónde estamos

Argentina ha realizado grandes avances en materia de marcos legales, políticas públicas y aumentos de la asignación presupuestaria para la protección de los niños y niñas, incluso desde el embarazo. Sin embargo, persisten importantes desafíos en materia de cuidados para la primera infancia.

En Argentina, el 32% de los niños y niñas de entre 0 y 4 años accede a servicios educativos y de cuidado, ya sean los que brinda el sistema educativo formal público y privado como los que dependen de áreas de desarrollo social y los que son gestionados por ONG, organizaciones comunitarias o fundaciones1

En este marco, las familias llevan adelante estrategias de conciliación: reparten tareas entre los miembros de la familia (generalmente delegando tareas hacia otras mujeres); recurren a las redes comunitarias, establecimientos privados o contratan personal para realizar las tareas de cuidado. En muchos casos, los niños son dejados con “cuidado inadecuado” (solos o con otro niño menor de 10 años). Esto se observa con mayor frecuencia en el Noreste y Noroeste (donde un 13% y un 11,7% de los niños menores de 5 años fueron dejados en esta situación2

La posibilidad de desarrollar actividades o de acceder a servicios de cuidado de calidad es diferencial en cada grupo social y región del país. Mientras en la ciudad de Buenos Aires 6 de cada 10 chicos accede, en el Noreste y Noroeste menos de 2 niños lo hace. Si se analizan las diferencias según los quintiles de ingreso, el 20,7% de los chicos y chicas del primer quintil accede a esos servicios, frente a casi 3 veces más de los del quinto quintil3

Esto quiere decir que, en la actualidad, los sectores con menores ingresos siguen siendo los más desprotegidos, y el cuidado al que un niño recién nacido tiene acceso está determinado no por el derecho sino por la inserción laboral de sus padres, la provincia en la que viven y la situación socioeconómica del hogar que habitan. En otras palabras, muchas familias dejan sus hijos al cuidado de personas o instituciones que no eligen sino que son su única opción posible. En otros casos, son las mujeres de la casa quienes deben hacerse cargo del cuidado, retirándose parcial o totalmente del mercado de trabajo, en especial aquellas de menores recursos.

PEDILE A

Para seguir avanzando

Estos desafíos requieren del fortalecimiento de la coordinación institucional e intersectorial para mejorar el ejercicio de una rectoría en las políticas de primera infancia que tiendan a mejorar las articulaciones entre las áreas de salud, educación y protección, logrando una mayor integralidad en las políticas implementadas

También es necesario fortalecer la oferta de servicios de cuidado con altos estándares de calidad, promoviendo especialmente el acceso de las familias más vulnerables. Para garantizar la calidad se debe priorizar la profesionalización de las cuidadoras y educadoras a cargo de los servicios, atendiendo la calidad de sus empleos.

Además, resulta clave reforzar las políticas de redistribución de las tareas del hogar y de cuidado, no solo en el ámbito familiar sino también entre las familias, el Estado, el mercado y la comunidad. La provisión de servicios de cuidado infantil por parte del Estado otorga legitimidad y reconocimiento a estas tareas, evidenciando su carácter de trabajo, facilitando su “desfamiliarización” y creando oportunidades para las mujeres de inserción en el mercado del trabajo formal.

Por último, resulta central promover una mayor cobertura de las licencias por maternidad y paternidad, incluyendo también a los familiares.


1* Ministerio de Desarrollo Social – UNICEF, Encuesta de Condiciones de Vida de Niñez y Adolescencia, 2011-2012.


2* Ministerio de Desarrollo Social – UNICEF, Encuesta de Condiciones de Vida de Niñez y Adolescencia, 2011-2012.


3* Ministerio de Desarrollo Social – UNICEF, Encuesta de Condiciones de Vida de Niñez y Adolescencia, 2011-2012.